Génesis 1:3
“Y
dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.”
Las primeras palabras de Dios registradas en la Biblia no son una explicación, ni un consejo, ni una orden a seres humanos.
Son una declaración que crea realidad: “Sea la luz.”
Aquí aprendemos algo fundamental para quien comunica: la palabra no solo describe lo que existe… define lo que llega a existir.
Dios revela quién
es por cómo habla.
Dios pudo actuar en silencio. Pero eligió hablar.
Eso nos muestra que la palabra no es solo una herramienta de Dios, es una expresión de su naturaleza:
Dios habla orden →
aparece orden
Dios habla vida →
aparece vida
Dios habla propósito
→ aparece dirección
La forma en que
Dios habla revela su identidad creadora.
La palabra revela
quiénes somos.
Al ser hechos a imagen de
Dios, también nosotros revelamos nuestra identidad por la forma en que
hablamos.
“De la abundancia
del corazón habla la boca” (Mt 12:34).
No hablamos primero con la lengua. Hablamos desde el interior.
Principio de comunicación
Tu manera de hablar
es una radiografía de tu interior.
Palabras de fe
revelan confianza.
Palabras de
amargura revelan heridas.
Palabras de gracia
revelan transformación.
Por eso, la
comunicación cristiana no se trata solo de mejorar el vocabulario, sino de
permitir que Dios transforme el corazón.
La oratoria
comienza antes de abrir la boca.
Muchos buscan
técnicas para hablar mejor, pero ignoran algo esencial: No se puede comunicar
identidad nueva con un corazón viejo.
Dios no solo nos enseña a hablar; Él nos forma para que nuestras palabras reflejen su carácter.
Cuando una persona
camina con Dios:
Su tono cambia
Su forma de
corregir cambia
Su manera de opinar
cambia
Su lenguaje se
llena de vida
Porque su identidad está siendo renovada.
Génesis nos enseña esto: Dios habló y la creación respondió.
Nosotros hablamos y nuestro entorno también responde.
Nuestras palabras logran que:
- Un hogar pueda llenarse de paz… o de tensión
- Un hijo pueda crecer seguro… o herido
- Una iglesia pueda ser edificada… o desgastada
La palabra siempre está revelando quién gobierna nuestro interior.
Principio de oratoria bíblica
No puedes separar
tu identidad de tu comunicación.
La comunicación más
poderosa no nace de la técnica, sino del carácter.
Pregúntate:
¿Mis palabras
reflejan que pertenezco a Cristo?
¿Cuando hablo,
otros perciben luz o sombra?
¿Mi forma de
comunicar coincide con mi fe?
Porque cada
conversación es una revelación de quién somos por dentro.
Conclusión:
En Génesis, Dios no
solo crea el mundo: revela su identidad por medio de su palabra.
Y nosotros, creados
a su imagen, también revelamos quiénes somos cada vez que hablamos.
La lengua no solo comunica ideas. Comunica identidad.

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Cristo te ama y me ama. Quiere que estemos en comunicación.