Nuestra eterna relación con Jesus

"Perdimos nuestra herencia en el follaje de un jardín, pero la recuperamos en la rudeza de una cruz."

​El relato bíblico se cierra sobre sí mismo de forma magistral: mientras que un árbol fue el testigo del paso del hombre de la luz a la sombra, el madero de Cristo es la luz que disipa toda oscuridad. 

Lo que Adán perdió por orgullo, Jesús lo recuperó por humildad, transformando un símbolo de maldición en el árbol de la vida eterna.

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