Proverbios 18:21
“La muerte y la vida están en poder de la lengua, Y el que la ama comerá de sus
frutos.”
Hebreos 4:12
“Porque
la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos
filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los
tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.”
Vivimos en una
cultura que cree que las palabras son solo sonidos.
Pero la Biblia
enseña otra cosa: las palabras son fuerzas poderosas.
Desde Génesis hasta
los Evangelios, Dios revela que hablar no es un acto superficial.
Es un acto de
influencia, dirección y, muchas veces, destino.
La palabra no es aire… es poder.
La palabra no se la lleva el viento… se queda grabada en el tiempo.
La palabra no muere… echa raíces en el pensamiento.
La palabra no desaparece… encadena a su cumplimiento.
Proverbios no exagera cuando dice que en la lengua hay muerte y vida. No está hablando de metáfora poética, sino de realidad espiritual y emocional.
Con palabras:
- Se levanta la fe,
- Se destruye la esperanza,
- Se forma identidad,
- Se marca el corazón de un niño,
- Se fortalece o se rompe un matrimonio.
Un comunicador cristiano debe entender esto: 'cada vez que habla, algo se está construyendo o se está destruyendo. La neutralidad no existe.'
Hebreos 4:12 es el modelo supremo:
“La palabra de Dios es viva y eficaz.”
No dice que la palabra
es bonita.
No dice que la
palabra es interesante.
Dice que es viva.
La comunicación divina no sólo informa… transforma. Penetra, discierne, confronta, sana.
Aquí está el estándar
más alto de comunicación: una palabra que llega al interior del ser humano.
Principio de oratoria espiritual
El comunicador no maneja
sonidos, maneja impacto.
Un orador sin
conciencia espiritual solo organiza ideas.
Un comunicador del
Reino entiende que cada palabra tiene peso.
Por eso:
- Piensa antes de hablar
- Ora antes de enseñar
- Cuida el tono
- Cuida el corazón desde donde habla...
Porque no está transmitiendo información está participando en la formación del alma de otros.
Aplicación al comunicador
Pregúntate:
¿Mis palabras dan vida o la drenan?
¿Hablar conmigo
fortalece o desgasta?
¿Uso la palabra para sanar o para herir?
La oratoria bíblica
comienza aquí: Entender que hablar es un acto de responsabilidad espiritual.
📌 Conclusión
- Dios creó con palabras.
- Cristo es llamado “El Verbo”.
- Y nosotros, hechos a su imagen, también creamos realidades con lo que decimos.
La lengua no es un detalle del ser humano. Es un instrumento de poder.
Por eso, aprender a hablar bien no es sólo técnica, es mayordomía del alma.

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Cristo te ama y me ama. Quiere que estemos en comunicación.