¿QUÉ HIZO JESÚS EL VIERNES SANTO?


El domingo en  el que Jesús  entró a Jerusalén montado en un burrito, mientras el pueblo le extendía ramos y mantos a lo largo del camino, fue el inicio de la semana más trascendente que recuerde la humanidad desde el nacimiento mismo del Mesías en Belén 33 años antes.

Los primeros 4 días de la semana de la pasión, muerte y resurrección de Jesús marcaron la historia  universal de la fe.


En este corto lapso Jesús expulsó a los mercaderes del templo, los judíos planearon su  muerte, él lavó los pies de sus discípulos durante la última cena, oró y derramó gotas de sangre en Getsemaní, Judas lo traicionó, las autoridades lo arrestaron, los judíos lo humillaron, los romanos lo escarnecieron y Pedro lo negó.

El viernes temprano se presentó ante un Pilato que conociendo su inocencia prefirió lavarse las manos.


Se expuso ante un pueblo que cuatro días antes lo vitoreó y recibió con ramos y ahora pedía que lo crucificaran.


Compareció ante unos religiosos que dominados por la envidia y la soberbia, olvidaron al mismo Dios.


Se descubrió ante un Satanás que ignoraba que la derrota que creía ver en la cruz no era más que la victoria de una vida eterna.


A las tres de la tarde El Maestro expiró tras un proceso de crucifixión inhumano y luego de pronunciar siete frases que aumentan cada día su vigencia:


1- Padre, perdónalos porque no lo saben lo que hacen.(Lucas 23:34).


2-De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso. (Lucas 23:43).


3-Mujer, he ahí a tu hijo. Hijo he ahí a tu madre. Juan 19:26-27).


4-Tengo sed.( Juan 19:28).


5-Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has desamparado? (Mateo 27:46).


6-Consumado es.

(Juan 19:30).


7-Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

(Lucas 23:46).


Base bíblica de los sucesos de nuestro Rey


 Viernes; día de la pasión o sufrimiento 
de nuestro redentor.
 
Juicio, crucifixión, muerte y sepultura de Jesucristo.

Evangelio de Lucas capitulo 23
Mateo 27.1-2,11-14; Marcos 
15.1-5.
 Juan. 18.28-38.

Jesús ante Pilato.

23.  Levantándose entonces toda la muchedumbre de ellos, llevaron a Jesús a Pilato.

2 Y comenzaron a acusarle, diciendo: A éste hemos hallado que pervierte a la nación, y que prohíbe dar tributo a César, diciendo que él mismo es el Cristo, un rey.

3 Entonces Pilato le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y respondiéndole El, dijo: Tú lo dices.

4 Y Pilato dijo a los principales sacerdotes, y a la gente: Ningún delito hallo en este hombre.

5 Pero ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí.

Jesús ante Herodes.

6 Entonces Pilato, oyendo decir, Galilea, preguntó si el hombre era galileo.

7 Y al saber que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió a Herodes, que en aquellos días también estaba en Jerusalén.

8 Herodes, viendo a Jesús, se alegró mucho, porque hacía tiempo que deseaba verle; porque había oído muchas cosas acerca de él, y esperaba verle hacer alguna señal.

9 Y le hacía muchas preguntas, pero él nada le respondió.

10 Y estaban los principales sacerdotes y los escribas acusándole con gran vehemencia.

11 Entonces Herodes con sus soldados le menospreció y escarneció, vistiéndole de una ropa espléndida; y volvió a enviarle a Pilato.

12 Y se hicieron amigos Pilato y Herodes aquel día; porque antes estaban enemistados entre sí.

Jesús sentenciado a muerte.

(Mt. 27.15-26; Mr. 15.6-15; Jn. 18.38--19.16).


13 Entonces Pilato, convocando a los principales sacerdotes, a los gobernantes, y al pueblo,

14 les dijo: Me habéis presentado a éste como un hombre que perturba al pueblo; pero habiéndole interrogado yo delante de vosotros, no he hallado en este hombre delito alguno de aquellos de que le acusáis.

15 Y ni aun Herodes, porque os remití a él; y he aquí, nada digno de muerte ha hecho este hombre.

16 Le soltaré, pues, después de castigarle.

17 Y tenía necesidad de soltarles uno en cada fiesta.

18 Mas toda la multitud dio voces a una, diciendo: !Fuera con éste, y suéltanos a Barrabás!

19 Este había sido echado en la cárcel por sedición en la ciudad, y por un homicidio.

20 Les habló otra vez Pilato, queriendo soltar a Jesús;

21 pero ellos volvieron a dar voces, diciendo: !!Crucifícale, crucifícale!

22 Él les dijo por tercera vez: ¿Pues qué mal ha hecho éste? Ningún delito digno de muerte he hallado en él; le castigaré, pues, y le soltaré.

23 Mas ellos instaban a grandes voces, pidiendo que fuese crucificado. Y las voces de ellos y de los principales sacerdotes prevalecieron.

24 Entonces Pilato sentenció que se hiciese lo que ellos pedían;

25 y les soltó a aquel que había sido echado en la cárcel por sedición y homicidio, a quien habían pedido; y entregó a Jesús a la voluntad de ellos.

Crucifixión y muerte de Jesús.

(Mt. 27.32-56; Mr. 15.21-41; Jn. 19.17-30).


26 Y llevándole, tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús.

27 Y le seguía gran multitud del pueblo, y de mujeres que lloraban y hacían lamentación por él.

28 Pero Jesús, vuelto hacia ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos.

29 Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no concibieron, y los pechos que no criaron.

30 Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros; y a los collados: Cubridnos.

31 Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará?

32 Llevaban también con él a otros dos, que eran malhechores, para ser muertos.

33 Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.

34 Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes.

35 Y el pueblo estaba mirando; y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: A otros salvó; sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido de Dios.

36 Los soldados también le escarnecían, acercándose y presentándole vinagre,

37 y diciendo: Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo.

38 Había también sobre él un título escrito con letras griegas, latinas y hebreas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS.

39 Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros.

40 Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación?

41 Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo.

42 Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.

43 Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.

44 Cuando era como la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena.

45 Y el sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó por la mitad.

46 Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró.

47 Cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo.

48 Y toda la multitud de los que estaban presentes en este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían golpeándose el pecho.

49 Pero todos sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas.

Jesús es sepultado.


(Mt. 27.57-61; Mr. 15.42-47; Jn. 19.38-42)


50 Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo.

51 Este, que también esperaba el reino de Dios, y no había consentido en el acuerdo ni en los hechos de ellos,

52 fue a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús.

53 Y quitándolo, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual aún no se había puesto a nadie.

54 Era día de la preparación, y estaba para comenzar el día de reposo.

55 Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo.

56 Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo, conforme al mandamiento.

Reflexión final 

VIERNES SANTO

​El día en que la creación se detuvo ante la muerte de su creador.

​El viernes amaneció con sabor y olor a sangre.

No fue un amanecer más; fue el día en que el cielo guardó silencio, permitiendo que la humanidad desplegara su peor versión.

Jesús, sin delito, sin mancha, sin una sola acusación que resistiera la verdad, fue arrastrado ante Poncio Pilato.
(Mateo 27:1-2).

El gobernador romano reconoció su inocencia, pero, por cobardía, lavó sus manos del crimen más horrendo de la historia. Entregó a "La Vida" al juicio de la muerte. 

Hacía apenas cuatro días el pueblo agitaba palmas gritando "¡Hosanna!".
Ahora, esa misma multitud rugía con furia y odio religioso exigiendo no solo su sangre, sino su humillación.

Liberaron a Barrabás, un asesino y condenaron al único hombre  justo que ha pisado la tierra. (Lucas 23:13-25).

Por la Vía Dolorosa.
Desde la Fortaleza Antonia, azotado y coronado de espinas, Jesús cargó un madero de casi 70 kilos sobre su espalda destruida.

Los azotes romanos no solo herían; los fragmentos de hueso y metal estaban diseñados para desgarrar el músculo. Cada paso era una agonía; cada roce de la madera, un suplicio.

​Los soldados se burlaban, ignorando que el arquitecto del universo caminaba, por voluntad propia, hacia su propio sacrificio.

En el Gólgota o lugar de la Calavera, la vergüenza pública se encontró con la majestad de Dios. (Juan 19:16-17)

A las nueve de la mañana, el hierro atravesó sus muñecas.

La crucifixión no era una muerte por hemorragia, sino por una asfixia lenta y desesperada.

Para inhalar, Jesús debía apoyarse sobre sus pies clavados, eligiendo entre el dolor del metal o el tormento de la asfixia.

​Jesús eligió respirar durante seis horas. No por instinto de supervivencia, sino para seguir amando, terminar su obra y pronunciar las siete palabras que reordenaron la historia.

Desde el umbral de la muerte, pronunció verdades que aún resuenan:

1. ​"Padre, perdónalos que no saben lo que hacen." (Lucas 23:34): Su primer acto fue interceder por sus verdugos.

2. ​"Hoy estarás conmigo en el paraíso." (Lucas 23:43): Fue la escena de la salvación alcanzando a un ladrón sin méritos, solo por fe.

3. ​"Mujer, he ahí a tu hijo." Juan 19:26-27): En su agonía, no olvidó la ternura ni el cuidado de su madre.

4. ​"Tengo sed." (Juan 19:28): Dios hecho hombre hasta la médula. El creador de los mares, sediento de nosotros.

5. ​"Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (Mateo 27:46): El grito más desgarrador. Dios se apartó de Dios para que tú nunca tengas que estar solo.

6. ​"Consumado es."(Juan 19:30): La deuda ha sido pagada. No falta nada.

7. ​"En tus manos encomiendo mi espíritu." (Lucas 23:46): Su muerte no fue un accidente, fue un acto de soberanía absoluta.

A las tres de la tarde,
El sol se ocultó ruborizado.
La tierra tembló.
El velo del templo se rasgó de arriba abajo.

No por mano humana, sino por decreto divino: el camino al Padre ya no requiere intermediarios; el acceso al Lugar Santísimo está abierto para siempre a través de la herida de Cristo.

​Satanás celebró una victoria que, en realidad, era su derrota definitiva.

​El Viernes Santo no es un evento histórico que observamos de lejos; es el espejo de nuestra realidad.

Él lo dio todo para que no tuviéramos que pagar nada.

​La pregunta ya no es si lo entendemos.
La pregunta es: ¿Qué vamos a hacer con su sacrificio.

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