Es la misma fuerza que inquieta al adolescente a adoptar los gustos de su grupo para encajar en el.
Tambien es la fuerza que motiva a un internauta a sumar su voz al linchamiento digital de una persona, para sentirse poderoso.
Esa fuerza es el "mimetismo", el impulso de convertirnos en otro, para sobrevivir, pertenecer o dominar.
Aunque la Real Academia define el mimetismo como una propiedad física de camuflaje, el antropólogo René Girard nos reveló que el mimetismo es, ante todo, la raíz de nuestra cultura y de nuestra violencia. 'No deseamos cosas; deseamos lo que otros desean'.
Este fenómeno opera en cuatro niveles que revelan quiénes somos y quiénes podemos llegar a ser:
1. El nivel biológico: El camuflaje del miedo
En la naturaleza, el objetivo es la invisibilidad. El pez piedra se funde con el lecho para no ser devorado. Es un instinto grabado en su código genético.
¿Cuántas veces nos hemos camuflado bajo el silencio para no ser "devorados" por la crítica o el rechazo?
2. El nivel social: El deseo prestado
En los humanos, el mimetismo evoluciona del 'esconderse' al 'desear".
Queremos el éxito del que disfruta el vecino o el reconocimiento que tiene el colega.
Esta imitación genera envidia y competencia, escalando hasta que el grupo necesita un "chivo expiatorio" para liberar la tensión.
Tenemos ejemplos en la biblia:
Caín imita el favor que Dios otorga a Abel, y en lugar de transformar su ofrenda, elimina al portador de la misma.
Los hermanos de José lo venden por envidia. Se elimina al "otro" para restaurar una paz falsa.
3. El nivel digital: El sacrificio en las redes sociales.
La "cultura de la cancelación" es el mecanismo del chivo expiatorio a escala global.
Vemos en ella como la turba se une mimetizando un odio común contra personas o grupos bajo un hashtag.
Lo inquietante es que esto no solo ocurre "afuera"; aparece con igual facilidad en comunidades de fe y grupos de oración.
El mimetismo no distingue entre píos e impíos, sino entre quienes siguen a la multitud y quienes se detienen ante la viga en su propio ojo, como Cristo nos enseña en Mateo 7:3.
4. El nivel espiritual: La imitación redentora
Aquí el evangelio rompe el ciclo. Cristo no ignora el mimetismo, sino que se somete a él desde adentro.
Se convierte en la víctima inocente; el sistema lo señala, la multitud lo ejecuta y el mecanismo funciona hasta que sucede lo inesperado.
Al resucitar y perdonar, Cristo desnuda el mecanismo. Nos muestra la fealdad de nuestro odio mimético y lo derrota.
La Cruz no es un fracaso; es la exposición definitiva de nuestra violencia.
¿A quién has elegido como modelo?
El llamado cristiano es un movimiento revolucionario: dejar de imitar a la turba para imitar a la Víctima.
Esto implica tres acciones concretas:
1.Negarse a señalar cuando la multitud busca un culpable.
2.Defender al perseguido, aunque eso nos convierta en el siguiente blanco.
3.Transformar el conflicto mediante la empatía.
Pasamos de engañar para vivir (biología), odiar para encajar (sociedad), a amar para liberar (evangelio).
No podemos dejar de imitar, porque somos seres miméticos por diseño.
La pregunta no es si estás imitando a alguien, sino: ¿a quién has elegido como modelo?
"Sed imitadores de mí, así como yo lo soy de Cristo."
1 Corintios 11:1

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Cristo te ama y me ama. Quiere que estemos en comunicación.