Creció viéndolas saltar, imitó sus movimientos e incluso intentó hacer lo mismo.
Pero cuando llegó el momento del salto… no pudo.
¿Por qué? Porque aunque aprendió hábitos de cabra, seguía siendo oveja.
Esta escena sencilla nos recuerda una verdad profunda: el entorno puede influirnos, pero la naturaleza termina imponiéndose.
En la vida espiritual ocurre algo parecido.
Podemos adoptar muchas costumbres del mundo,
pero cuando una persona pertenece al Señor, tarde o temprano su verdadera naturaleza vuelve a manifestarse.
Como dijo Jesús:
“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen.”
A veces podemos intentar vivir como las “cabras”, pero el corazón que pertenece al Buen Pastor siempre termina reconociendo Su voz.
.
Comentarios
Publicar un comentario
Cristo te ama y me ama. Quiere que estemos en comunicación.