¿Y si el silencio no es abandono sino, que todavía no es el tiempo?
En la cruz, hay una frase que atraviesa el alma:
“Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?”
La pronuncia Jesús.
No es solo dolor.
Es una oración.
Es una cita del clamor del Salmo 22.
Un profundo grito de angustia que ya había sido escrito siglos antes por el rey David.
Pero mientras Jesús expresa el dolor, el profeta Isaías ya había revelado el propósito:
“Despreciado y desechado, varón de dolores, herido fue por nuestras rebeliones.”
Lo que parece abandono ya estaba escrito como redención.
Y aun así, el cielo guarda silencio.
No hay respuesta inmediata.
No hay alivio visible.
No hay intervención.
Porque no era el momento.
Y eso nos confronta.
Porque muchas veces pensamos:
“Si Dios no responde es porque no está conmigo.”
Pero la cruz revela otra verdad:
Dios sí está.
Pero no siempre responde cuando queremos sino cuando corresponde a su propósito.
Jesús no fue abandonado por falta de amor sino porque estaba cumpliendo el tiempo perfecto.
Y tal vez eso explica el silencio que te agobia.
No es que Dios no te escuche.
No es que a Dios no le importes.
No es que Dios se fue.
Es que aún…no es el momento.
Porque hay procesos que solo maduran en silencio.
Obras que solo se completan sin ruido.
Respuestas que llegan cuando el propósito está listo.
Mientras el cielo callaba, la salvación estaba ocurriendo.
Y mientras tú no escuchas nada, Dios puede estar haciendo más de lo que imaginas.
Hoy la pregunta no es si Dios te está hablando.
La pregunta es:
¿Puedes confiar en su tiempo incluso en su silencio?
🌿 Serie: De la noche a la luz
Gracias por seguirnos en esta última entrega.

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Cristo te ama y me ama. Quiere que estemos en comunicación.