
La frase "Cuando Dios quiere juzgar a una nación, le da gobernantes malvados" es una máxima comúnmente atribuida a Juan Calvino, teólogo, pastor y filósofo francés, considerado como uno de los autores y gestores de la Reforma Protestante
La frase refleja un principio bíblico donde el liderazgo corrupto actúa como un instrumento de disciplina o juicio divino sobre un pueblo desobediente.
Esta perspectiva sostiene que la maldad en el poder es una consecuencia, no un accidente.
Fundamento Bíblico y Teológico:
La Biblia presenta ejemplos donde Dios permite líderes inicuos para traer juicio, como lo hizo el rey de Babilonia, Nabucodonosor contra el pueblo de Judá. (Reyes 24:10-17).
Juicio, no aprobación:
Los gobernantes malvados son usados para castigar la idolatría o injusticia de una nación, pero aun así son responsables ante Dios por sus actos.
Propósito de Disciplina:
Se interpreta a menudo como una forma en que Dios deja a un pueblo sufrir las consecuencias de su propio pecado y rebeldía.
La idea subraya que el liderazgo de una nación a menudo refleja el estado espiritual o moral de su gente.
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