La reflexión sobre Juan, el hijo de Zebedeo, me movió hacia el autoanálisis de nuestra personalidad dividida en dos; lo que fuimos antes de nacer en Cristo y lo que somos luego de conocerlo.
El antes y el después del apóstol Juan es un estímulo a alcanzar el cambio positivo de Cristo en nuestras vidas.
El apóstol Juan es una de las figuras más amadas y profundas del Nuevo Testamento.
Llamado por la tradición el “discípulo amado”, es autor del cuarto evangelio, de tres cartas apostólicas y del libro de Apocalipsis.
Sin embargo, su camino con Jesús revela una transformación humana y espiritual que ilumina no solo su vida, sino también la manera en que Cristo obra en cada creyente.
El “Antes”: un discípulo apasionado pero desequilibrado. Antes de conocer plenamente a Cristo, Juan estaba lleno de celo y devoción por la verdad, pero sin el balance del amor que Jesús le enseñaría más tarde.
El artículo de Coalición por el Evangelio más arriba citado, lo describe como un hombre intolerante, extremista, ambicioso y desequilibrado en su juventud.
Esto se ve reflejado en varios momentos del Evangelio:
1. Su deseo de llamar fuego del cielo contra los samaritanos que rechazaron a Jesús, mostrando un celo que no estaba aún templado por la gracia. (Lucas 9:54 "Al ver esto, sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo y los consuma?")
2. Su petición, influenciada por su madre, para recibir lugares de honor en el reino, es una muestra de ambición aún no moldeada por el llamado de humildad de Cristo. (Mateo 20:20-21 "Entonces la madre de Santiago y de Juan, hijos de Zebedeo, se acercó con sus hijos a Jesús.
Se arrodilló respetuosamente para pedirle un favor. ¿Cuál es tu petición?—le preguntó Jesús. La mujer contestó: Te pido, por favor, que permitas que, en tu reino, mis dos hijos se sienten en lugares de honor a tu lado, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.
3. Su reacción ante un hombre que expulsaba demonios en el nombre de Jesús, es indicativa de un espíritu sectario antes de aprender la amplitud del amor. (Marco 9:38 "Y Juan le respondió, diciendo: Maestro, vimos a uno que echaba fuera demonios en tu nombre, y no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos sigue."
4. Juan, junto a su hermano Santiago, fue llamado por Jesús “hijos del trueno”, un sobrenombre que evoca fuerza, impulsividad y una pasión cruda. Este sobrenombre probablemente refleja su carácter impetuoso y su fuerte personalidad, así como su fervor en la predicación del Reino.(Marcos 3:17. "a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan hermano de Jacobo, a quienes apellidó Boanerges, esto es, Hijos del trueno."
La página Got Cuestion formula lo siguiente "en Marcos 3, Jesús escoge a doce hombres para que sean sus apóstoles. Entre ellos estaban "Jacobo, hijo de Zebedeo, y Juan hermano de Jacobo (a quienes puso por nombre Boanerges, que significa: "Hijos del Trueno") Este es el único lugar en la Biblia donde se menciona este sobrenombre para los hijos de Zebedeo, y no se da una explicación directa sobre por qué Jesús lo usó.
Sin embargo, Jesús siempre tenía un propósito para lo que hacía. Él conocía perfectamente el corazón de las personas. Como dice Juan 2:24–25, "Jesús... conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre"
Jacobo y Juan, junto con Pedro, formaban parte del círculo íntimo de Jesús (ver Mateo 17:1).
Después de la resurrección, Jacobo fue el primer apóstol en ser ejecutado por su fe (Hechos 12:2), mientras que Juan vivió hasta la vejez, siendo el último de los doce en morir.
En sus cartas del Nuevo Testamento, Juan todavía muestra un fervor ardiente, especialmente al denunciar a los falsos maestros y engañadores (1 Juan 2:22; 2 Juan 7; 3 Juan 10).
Sin embargo, ese fervor estaba equilibrado con amor. De hecho, en 1 Juan la palabra "amor" y sus derivados aparecen más de 40 veces.
A lo largo de su vida, Juan fue transformado. El que comenzó siendo un "hijo del trueno" llegó a ser conocido como el "apóstol del amor".
El “Después”: Amor maduro y equilibrio en la verdad.
Sin embargo, la historia no termina en ese Juan impulsivo. Jesús pasó tres años con él, moldeando su carácter no solo con enseñanza verbal, sino con la convivencia diaria, la corrección amorosa y el poder transformador del evangelio.
Al final de su vida, Juan no es recordado por su celo desordenado, sino por su enfático llamado al amor. Se le vio repetidamente exhalando una sola frase a los creyentes ancianos de Éfeso: “Ámense unos a otros”, como si eso pudiera resumir toda la vida cristiana.
Sus cartas, especialmente 2 Juan, combinan verdad y amor: exhorta a vivir en la verdad “por amor” y a amar unos a otros como centro de la fe.
Qué nos enseña su transformación? La vida de Juan nos recuerda que: La pasión sin amor es incompleta.
Podemos tener celo por la verdad pero aun así carecer del amor que Jesús exige (1 Cor. 13).
El tiempo con Cristo transforma el carácter.
No se trata solo de conocimiento, sino de vida junto a Jesús, como Juan la experimentó.
La fe auténtica produce amor visible: no meras palabras, sino acciones que reflejan el corazón de Cristo.
La narrativa de Juan de discípulo impetuoso a maestro de amor maduro es una imagen poderosa de cómo Cristo no solo nos llama, sino que nos transforma integralmente, modelando nuestras pasiones con amor, paciencia y obediencia.

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