Hay un
profundo deseo y visión de capacitar a los creyentes en el arte de la palabra
convincente y persuasiva, como herramienta clave para cumplir con fidelidad y
eficacia la Gran Comisión encomendada por nuestro Señor Jesucristo.
El
liderazgo evangélico contemporáneo reconoce que la comunicación efectiva y la
oratoria son pilares fundamentales e irremplazables en la proclamación del
Evangelio.
Por
esta razón, anhelamos formar al pueblo de Dios en la predicación y exhortación
clara, apasionada y transformadora, con el propósito de alcanzar corazones y conducir
almas a los pies de Cristo.
Iniciamos
con una pregunta:
¿Alguna
vez has sentido ese nudo en el estómago o ese temblor en la voz justo antes de
hablar en público?
Si el
miedo escénico te paraliza y te roba la oportunidad de compartir lo que arde en
tu corazón, ¡eres parte de la mayoría!
Es una
lucha común, pero hay algo fundamental que debes recordar: Dios dirige tu mente
y tus palabras, su poder se perfecciona en tu debilidad.
Si has
pensado: "Soy demasiado joven, tímido o inexperto para esto", ¡no estás
solo!
De
hecho, compartes esa inseguridad inicial con algunos de los héroes más grandes
de la Biblia.
La
comunicación es una de las armas más poderosas que tenemos para el Reino, pero
el miedo y la duda a menudo nos paralizan y nos hacen creer que el mensaje no
es para nosotros.
Tu voz
no es solo tuya, es un instrumento profético.
Hombres
y mujeres de fe en los tiempos bíblicos también vacilaron, trataron de huir y
se sintieron incapaces (¡como Moisés y Jeremías!).
Sin
embargo, fueron empoderados por quien todo lo puede, el que está en todas
partes: el Dios de la palabra, nuestro poderoso Dios. Él te ha llamado y te ha
equipado.
Es
hora de dejar de huir del púlpito, del grupo pequeño o de la plataforma. Dios
te enseñará técnicas y te ayudará a alinear tu llamado con tu capacidad.
Tu voz
es profética y juntos vamos a liberarla para llevar el mensaje de Jesús a las
naciones.
Visión
de este encuentro:
Ser la
fuente que impulse una oleada de comunicadores cristianos estratégicos y
apasionados, que transformen corazones, fortalezcan la fe en Dios e influyan en
la cultura a través del arte de la palabra, la convicción y la sabiduría.
Misión de este encuentro:
Capacitar
a una nueva generación de líderes, predicadores, evangelistas y
exhortadores para que comuniquen el mensaje de Jesucristo con excelencia,
autenticidad y poder bíblico, usando todas las herramientas y estrategias que
el Señor ha puesto a nuestro alcance.
Objetivo de este encuentro:
Pretendemos
con la dirección de Dios motivar a;
Pastores
Líderes
Evangelistas
Predicadores
Maestros
Misioneros
Escritores
Comunicadores
A hablar con amor, sabiduría y plena conciencia de que la
forma de comunicar determina el éxito de la evangelización del presente.
Base bíblica de la oratoria cristiana: Un fundamento
sólido
Este compendio de versículos proporciona una base bíblica
irrefutable para cada aspecto de la oratoria cristiana, desde la motivación
interna hasta el impacto externo, siempre apuntando a Cristo como el mensaje
central y el modelo a seguir.
1. El propósito y la responsabilidad del orador
(El ¿"POR QUÉ?")
La idea central: El orador no habla por gusto personal, sino por una necesidad impuesta y una misión de rescate.
Romanos 10:14-15: ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han
creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber
quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está
escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que
anuncian buenas nuevas!
Oremos para que: aumente la necesidad divina del
predicador de orar con sabiduría ante el Dios de la palabra y la
solemnidad de la tarea de hablar.
2
Timoteo 4:2: "Que prediques la palabra; que
instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda
paciencia y doctrina."
Oremos
para que: cumplamos el mandato de predicar con fidelidad, urgencia y diversos
enfoques pastorales.
1 Corintios 9:16: "Pues si anuncio el evangelio, no tengo por
qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el
evangelio!"
Oremos para que: Jesús sostenga la obligación interna y
el deber sagrado de proclamar el mensaje.
2. La fuente de autoridad: La palabra de Dios
(El "¿QUÉ?")
La
idea central: El mensaje no le pertenece al orador. Su autoridad no viene
de su elocuencia, sino de la fidelidad a la fuente.
2 Timoteo 3:16-17: "Toda la Escritura es inspirada por Dios, y
útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a
fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda
buena obra."
Oremos para que: La Biblia sea el único fundamento
suficiente y autoritativo para la predicación.
Jeremías 23:28-29: "¿No es mi palabra como fuego, dice el Señor,
y como martillo que quebranta la piedra?"
Oremos para que: el poder inherente y transformador de la
Palabra de Dios, vaya más allá de la persuasión humana.
1
Pedro 4:11: "Si alguno habla, hable conforme a las
palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da,
para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la
gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.”
Oremos
para que: se cumpla el mandato de que el mensaje debe estar enmarcado y
limitado por la revelación divina.
3. La dependencia del Espíritu Santo
(El "¿CÓMO?")
La
idea central: La comunicación espiritual no se logra con técnicas de
marketing o psicología, sino mediante un poder sobrenatural.
1 Corintios 2:4-5: "y ni mi palabra ni mi predicación fue con
palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y
de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres,
sino en el poder de Dios."
Oremos para que: reconozcamos que el poder persuasivo
final es del Espíritu Santo, no de la elocuencia humana.
Zacarías 4:6: "No
con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, dice el Señor de los
ejércitos."
Oremos para que: se magnifique el principio
fundamental de que la obra de Dios se realice con los recursos de Dios.
Hechos 1:8: "pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre
vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea,
en Samaria, y hasta lo último de la tierra."
Oremos para que: el Espíritu Santo sea la fuente de poder
y valentía para ser un testigo efectivo.
4. El carácter y la vida del orador
(“El QUIÉN”)
La
idea central: El mensajero es el mensaje encarnado. Si la vida del
orador contradice sus palabras, el mensaje se invalida ante los ojos del mundo.
Proverbios 16:23: "El corazón del sabio hace prudente su boca, Y
añade gracia a sus labios.”
Oremos para que: haya una conexión directa entre el
corazón piadoso y la comunicación sabia.
1 Timoteo 4:12:
"Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en
palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.”
Oremos para que: la credibilidad del mensaje esté ligada
a la integridad de la vida del mensajero.
Santiago 1:19: "Por
esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar,
tardo para airarse."
Oremos para que: La actitud de humildad y escucha preceda
el habla.
5. El objetivo y el efecto del mensaje
(El "PARA QUÉ")
La idea
central: El fin último de la comunicación no es el aplauso, sino
la transformación del oyente.
Efesios 4:11-12:
"Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros,
evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos
para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo."
Oremos para que: el objetivo de la comunicación
(enseñanza, pastoreo, evangelización, etc.) sea la edificación y madurez de la
Iglesia.
Hebreos 4:12: "Porque
la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos
filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los
tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón."
Oremos para que: El poder de la Palabra para juzgar los
pensamientos y actitudes más íntimos, produzca convicción y cambio.
6. El Modelo Supremo: JESUCRISTO
La
idea central: Jesús es el estándar perfecto de Autoridad y Gracia.
Mateo 7:28-29: "Y
cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina;
porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas."
Oremos para que: adoremos e imitemos a Jesús como el
modelo de un mensaje con autoridad divina.
Lucas 4:22:
"Y todos le daban buen testimonio, y estaban maravillados de las palabras
de gracia que salían de su boca y decían:
¿No es este el hijo de José? "
Oremos para que: la cualidad del mensaje de Jesús, lleno
de gracia y verdad sea parte de
nosotros.
La galería de la inseguridad en la comunicación
Vamos
a ver en este apartado que Dios no busca gente perfecta, sino
gente dispuesta y Él está listo para tomar nuestra voz, nuestras
palabras, nuestros gestos, nuestros ademanes y todo nuestro ser, con defectos y
virtudes, para hacerlos resonar y brillar ante su inmenso propósito.
Prepárate,
porque esta es la galería de héroes de la comunicación que, como tú y yo,
tuvieron que superar sus propias barreras.
1.
El que se sentía insuficiente: Moisés
Imagina
a Moisés, el hombre que creció en la corte del faraón. Cuando Dios lo llamó a
liberar a Israel, ¿cuál fue su excusa principal? "¡Ay, Señor! nunca
he sido hombre de fácil palabra... soy tardo en el habla y torpe de
lengua." (Éxodo 4:10-12).
Moisés
tenía tartamudez o alguna dificultad para hablar. Su lección es
gigantesca: El llamado de Dios supera tu limitación personal. Si
sientes que eres "torpe de lengua", recuerda que Dios no necesita tu
elocuencia; Él necesita tu obediencia. Él te proveerá lo necesario (en el caso
de Moisés, fue a Aarón) para cumplir su propósito.
2. El
que se sintió demasiado joven: Jeremías
A
Moisés le preocupaba su voz, pero a Jeremías le preocupaba su edad. Cuando Dios
lo comisionó, el joven profeta respondió: "¡Ah, Señor Dios! He aquí,
no sé hablar, porque soy un muchacho." (Jeremías 1:6).
Jeremías
sintió la inseguridad de la juventud y pensó "¿Quién me va a escuchar a
mí?". Pero Dios le recordó que su autoridad no venía de sus años, sino de
la palabra que Él ponía en su boca. El llamado supera la inseguridad y la
edad.
3. El
de los labios impuros: Isaías
El
profeta Isaías no tenía un problema de tartamudez ni de edad, ¡sino
de santidad! Cuando vio la gloria de Dios en el templo, su primera
reacción fue:
(Isaías
6:5- 7). "Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo
hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios
inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos. 6 Y voló hacia mí
uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar
con unas tenazas; 7 y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó
tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado."
Isaías
reconoció que su boca, usada quizás para chismes, quejas o mentiras, no era
digna de comunicar lo sagrado. Pero Dios, en un acto de purificación, tocó sus
labios con un carbón encendido. Su lección: Tu lenguaje puede ser
santificado. La oratoria cristiana empieza por la limpieza de tu boca y tu
corazón.
4. El
que falló y fue redimido: Pedro
Si
alguien tuvo un fracaso verbal estrepitoso fue Pedro cuando negó a Jesús tres
veces, ¡con juramentos! (Lucas 22). Su boca lo llevó a la negación.
Sin
embargo, en el día de Pentecostés, el Espíritu Santo vino sobre él, y fue este
mismo Pedro, el que había negado verbalmente a Jesús, (Hechos
2) quien se levantó para proclamar el Evangelio el día de Pentecostés
con valentía y ver como alrededor tres mil personas se convirtieron y
fueron bautizados . Su lección es la redención del habla: Dios
puede tomar tus errores pasados y transformarlos en un testimonio poderoso.
5. El que quedó mudo por duda: Zacarías
Zacarías,
el padre de Juan el Bautista, recibió una promesa majestuosa del ángel. Pero en
lugar de creer, dudó, y como consecuencia, quedó mudo (Lucas 1). Solo
recuperó la voz cuando obedeció y escribió el nombre de su hijo.
Su
historia nos enseña que el habla es un reflejo de la fe y la
obediencia. A veces, el silencio forzado nos enseña a valorar la voz que
Dios nos da. La fe es lo que desata nuestra comunicación.
6. El
que culpó en lugar de confesar: Adán
Cuando
Dios le preguntó por su desobediencia, Adán respondió: “La mujer que me diste
por compañera me dio del árbol, y yo comí.” (Génesis 3:12).
Adán
no reconoció su falta; transfirió la culpa. Su comunicación fue evasiva, no
honesta.
Cuando
justificamos nuestros errores en lugar de admitirlos, rompemos la comunión. La
comunicación sana empieza por la verdad.
7.
El que calló lo que sentía: Caín
Dios
vio el enojo de Caín y le dio oportunidad de hablar, pero él eligió el silencio
y mentir al decir que no sabía de su hermano Abel. Su falta de
diálogo lo llevó al resentimiento y el resentimiento al crimen de Abel.
(Génesis 4:6-8).
El
silencio que oculta el dolor se convierte en violencia. Hablar con Dios antes
que reaccionar puede salvar vidas y relaciones.
8. El
que habló sin amor: Jonás
Jonás
predicó el mensaje correcto, pero con el corazón equivocado. Se enojó por la
misericordia de Dios hacia Nínive (Jonás 4:1-4).
No
basta con decir lo correcto; además de decirlo con pasión hay que decirlo con
compasión. La palabra sin amor pierde su poder.
La galería de los maestros de la comunicación
Mientras
que los anteriores personajes bíblicos lucharon contra sus miedos, estos nos
mostraron cómo usar la voz para ofrecer su mejor comunicación y
testimonio con excelencia:
1. Jesús: El
Maestro de la comunicación. ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este
hombre! Juan 7:46.
Él
Señor Jesús usaba parábolas y metáforas (historias sencillas) para explicar
verdades eternas con claridad y empatía.
Supo
hablar con todos en su propio lenguaje, transformó el pensamiento de la
humanidad y el curso de la historia con sus enseñanzas repletas de sabiduría
Jesús
es la máxima revelación comunicativa de Dios para la humanidad. No solo habló
las palabras de Dios, sino que Él mismo es la Palabra.
Su
enseñanza más grande: el poder transformador viene de la autoridad de Dios, de
su amor infinito y se manifiesta en nuestra obediencia a su voluntad soberana.
2 Pablo: Un
verdadero estratega. A pesar de su profundidad teológica, nunca perdía de
vista el núcleo del Evangelio: la muerte y resurrección de Cristo por los
pecados (1 Corintios 2:2). Toda su comunicación giraba en torno a esta verdad
fundamental.
En
esencia, el poder de Pablo radicaba en la combinación única de una mente
brillante, un corazón apasionado y una vida totalmente entregada a su mensaje.
Fue el comunicador perfecto para llevar el Evangelio de Jesucristo tanto a la
mente judía como al mundo grecorromano.
David: El orador del corazón. Es el ejemplo de
la oratoria bajo presión. En su valentía se enfrentó a Goliat no con fuerza,
sino con palabras de fe. (1 Samuel 17).
Lleno
de fe proclamó: "Tú vienes a mí con espada... yo vengo a ti en el nombre
del Señor". Su discurso breve y poderoso precedió a su acción épica.
Su
veredicto: las palabras que nacen de la convicción mueven montañas.
4 Juan
el Bautista: El comunicador del propósito singular. Juan no se definió como
la Luz, sino como "la voz de uno que clama en el desierto" (Juan
1:23). Su mensaje era simple, urgente y preparatorio: "¡Arrepentíos,
porque el reino de los cielos se ha acercado!"
Su
ministerio no buscó protagonismo, sino preparar el camino para Jesús. Su
enseñanza poderosa es que la comunicación más impactante es aquella que tiene
un propósito claro y se entrega con humildad. Juan supo desaparecer del
escenario para que el mensaje (Jesús) fuera el único centro de atención.
5. María:
La comunicadora del silencio y la obediencia. María enseñó el poder de la
aceptación incondicional y la elocuencia del silencio. Su respuesta al ángel
Gabriel, "Hágase en mí según tu palabra" (Lucas 1:38) es un acto de
comunicación puro y decisivo.
También
"guardaba todas estas cosas en su corazón y las meditaba" (Lucas
2:19), y en Caná dijo: "Haced todo lo que él os diga" (Juan 2:5). La
verdadera comunicación nace de la meditación, la obediencia y la dirección
sabia. María nos muestra que el silencio, la reflexión y la confianza pueden
hablar más fuerte que mil palabras.
Débora:
La comunicadora con autoridad y convicción en su Dios. Débora la profetisa y jueza, lideró con estrategia y
espiritualidad (Jueces 4–5). Su oratoria fue de autoridad y estrategia.
Su
liderazgo claro: Juzgaba bajo una palmera, comunicando justicia con
transparencia. Su mandato directo: Ordenó a Barac: "¡Ve! Esta es la
batalla que Dios entregará en tus manos".
Mujer
de valor profético: Anunció: "La victoria no será tuya, sino por mano de
una mujer". El veredicto: Palabras certeras que movilizan ejércitos y
cambian destinos.
Elías:
El Comunicador por acción. Elías
usó actos dramáticos para comunicar la autoridad de Dios. En el Monte Carmelo,
desafió a los profetas de Baal y el fuego del cielo confirmó su mensaje (1
Reyes 18).
A
veces, la acción comunica más que las palabras. La fe genuina y la convicción
otorgan al mensaje una fuerza que ninguna elocuencia puede igualar.
Abigail:
La comunicadora del discurso pacificador. Abigail enfrentó una crisis con sabiduría, humildad y
palabras estratégicas. Intervino ante David con un discurso lleno de respeto y
visión profética, evitando la destrucción de su casa (1 Samuel 25).
Sabía
que la comunicación en tiempos de tensión requiere calma, tacto y
discernimiento y que un lenguaje pacificador puede cambiar el rumbo de una
situación crítica.
9. José:
El comunicador del silencio y la interpretación. José comunicó
sabiduría divina con sus actos, con sus palabras y su interpretación de
visiones (Génesis 41). Su interpretación de los sueños del Faraón no solo salvó
a Egipto, sino a su pueblo y fue elevado por Dios a una posición de liderazgo.
Escuchar
con atención y traducir visiones complejas en planes claros es una forma
poderosa de comunicar. La sabiduría comienza con la escucha.
Nehemías: El Comunicador con visión
estratégica. Nehemías combinó oración, planificación y liderazgo para
movilizar a su pueblo (libro de Nehemias). Reconstruyó los muros de Jerusalén
con una visión clara y una estrategia bien comunicada. Expresó su petición ante
el rey con respeto y propósito claro.
Su
buena comunicación abrió puertas para la reconstrucción de su ciudad. Nehemías
ejerció una comunicación con propósito
Su
diagnóstico fue claro: "La ciudad está en ruinas"
Su
propuesta concreta: "¡Reconstruyamos el muro!"
Su
motivación se hizo colectiva: "Dios nos prosperará.
Ana:
La comunicadora del habla interna. Ana
ejerció la comunicación que transforma el dolor en propósito. (1 Samuel 1).
Ana
expresó una oración auténtica: "Derramó su alma delante de Dios" en
silencio y angustia.
Mantuvo
una fe activa: "Si me das un hijo, yo lo dedicaré a tu servicio".
Manifestó
un cumplimiento gozoso: Presentó a Samuel diciendo: "Yo lo dedico al
Señor". Su oración ferviente abrió el camino al primer gran profeta
de Israel. Ana oró en silencio, pero con intensidad y fe.
Su
oración silenciosa en el templo fue tan poderosa que cambió su historia.
La
oración ferviente es la raíz de toda comunicación pública con propósito. El
habla interna fortalece la voz externa.
Tenemos
otros ejemplos de valiosos personajes que supieron comunicarse con sabiduría.
Rahab
(Josué 2). Con palabras valientes
protegió a los espías israelitas y confesó su fe en el Dios verdadero. Su voz
abrió las puertas de la salvación para su familia.
La
mujer samaritana (Juan 4). Conversó
con Jesús equilibrando honestidad y curiosidad espiritual. Su diálogo la
transformó y la convirtió en mensajera del Mesías.
Ester
(Ester 7) Habló con prudencia ante el rey Asuero,
revelando la trama de Amán. Su comunicación sabia y estratégica salvó a su
pueblo.
Natán
(2 Samuel 12) Usó una parábola para
confrontar el pecado del rey David. Su forma de hablar llevó al arrepentimiento
sin provocar rebelión.
Así
como Dios levantó a los inseguros para hablar en su nombre, también puede sanar
a los que fallaron al comunicarse.
De los
labios que mintieron puede salir verdad; de los que callaron, puede brotar
adoración.
El
mismo Dios que purificó los labios de Isaías, restauró la voz de Pedro y le
devolvió el habla a Zacarías, puede también tocar nuestra manera de hablar hoy.
La
oratoria cristiana combina la técnica de estos grandes maestros con la
dependencia total del Espíritu Santo.
¡Ahora
levántate! No para impresionar, sino para impactar con la Palabra que Dios ya
puso en tu corazón.
El siguiente es el material completo en versión pdf.

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Cristo te ama y me ama. Quiere que estemos en comunicación.