22.7.13

HERODES, EL GRANDE


Los poderosos de la tierra están representados por este personaje, una versión actualizada del faraón de Egipto, que quiso acabar con los primogénitos de los israelitas, cuando el pueblo era esclavo; Moisés antes, y ahora Jesús, se libraron de la muerte.

Los poderosos no quieren que el pueblo alcance la libertad y acaban con la vida de los que pueden concientizarlos.

Herodes era famoso por su crueldad: mandó matar a su yerno;  asesinó a sus hijos, Aristóbulo y Alejandro; estranguló a su mujer, Marianme. 

Cinco días antes de morir, mandó que asesinaran a su hijo mayor, Antípatro, y dio orden de hacer perecer, el día de su muerte, a todos los “notables” de Jericó, para que hubieran lágrimas en sus funerales, porque  era consciente de que el pueblo judío no lo estimaba demasiado, para llorarlo el día de su muerte.

Lo que el Evangelio cuenta de él, cuadra con sus ansias de poder y con su crueldad sin límites: ¿cuántos niños menores de dos años, murieron en el genocidio decretado, por querer matar a Jesús?,  no lo sabemos; la orden dada a los magos fue burlada y el niño se libró de la muerte, huyendo a Egipto, con su madre y su padre adoptivo.

 “Herodes convocó a todos  los sumos sacerdotes y letrados del pueblo y les pidió información sobre dónde tenía qué haber nacido el Mesías”; ellos le contestaron que “en Belén de Judá, porque así lo había predicho el profeta”. 

Lo demás ya lo sabemos: “José y María huyeron con el niño a Egipto”. 

En este país había comenzado la historia del pueblo de Israel, y Jesús estaba allí para reiniciar esta historia; de allí, como al principio, saldría para conducir al nuevo pueblo a la tierra prometida.

Pero sólo los pobres y marginados siguieron la convocatoria.

El poder político y religioso quiso,  en todo  momento, acabar con Jesús, pues les resultaba incómodo y subversivo; al final de su vida lo consiguieron colgándolo de un madero.

Veinte siglos después seguimos celebrando su nacimiento los que creemos que aún vive y siembra de ilusión y esperanza el corazón de los pobres y marginados de la tierra.