Vivimos en la cultura de lo inmediato, donde el valor de la paciencia –esa virtud elogiada por sabios de todas las épocas– parece un relicario olvidado.
Ante la ansiedad del microondas y la frustración por los resultados tardíos, la sabiduría humana nos recuerda que 'la paciencia tiene más poder que la fuerza'.
Pero como creyentes, tenemos una raíz más profunda: sabemos que la paciencia (hypomonē en griego, que es perseverancia activa) es fruto del Espíritu Santo Gálatas 5:22 lo confirma y se nutre de la confianza inquebrantable en el tiempo perfecto de Dios.
Al revisar este artículo que escribí hace un tiempo, veo con nueva luz que su mensaje central es una invitación a esa espera confiada.
En un mundo que idolatra la velocidad, somos llamados a plantar, regar y esperar con paciencia la cosecha que solo Dios puede dar, recordando que 'el que tiene paciencia, obtendrá lo que desea' cuando lo que deseamos está alineado a su voluntad.
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