15.4.17

SEMANA SANTA, MAS QUE UNA FECHA; UNA PREPARACION ESPECIAL PARA MEDITAR.


Por tradición celebramos esta fiesta cristiana cada año en recordación de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesús,

Unos la toman de asueto, algunos trabajan normalmente y otros la aprovechan para meditar, orar, estudiar la palabra de Dios que es la Santa Biblia y compartir en familia en el seno de las iglesias.

Pero generalmente nos enfocamos solo en el viernes santo por el acontecimiento de la crucifixión, sin detallar que durante toda la semana ocurrieron aspectos interesantisimos que concatenan un día con el otro, partiendo desde el domingo que marcó la entrada triunfal a Jerusalén de El Mesías Prometido.

Deseo compartirles mi cronograma o agenda, muy personal, de como fue desenvolviéndose cada día hasta el domingo de resurrección.

Domingo; Entrada de Jesús a Jerusalén.

Cuatro días antes de su sufrimiento en la cruz [lo que se conoce como "La Pasión"], Jesús entró en la ciudad de Jerusalén en medio de las alabanzas de la gente.

Ese domingo, Jesús durmió en el pueblo de Betania, en la casa de Lázaro, a quien él había resucitado, la cual compartía con sus hermanas Marta y María.

Lunes; Jesús expulsa del templo a los mercaderes.

Al llegar a Jerusalén, va al templo y lo encuentra lleno de comerciantes haciendo negocios. Los echa, vuelca las mesas y dice que la casa de su padre ha sido convertida en cueva de ladrones.

Por la tarde pasa por el Monte de los Olivos, donde estuvo orando y vuelve a pie a la ciudad de Betania.

Martes; Jesús anticipa a sus discípulos la traición de Judas y las negaciones de Pedro. Profetiza que el templo será destruido.


1. En un sólo día, Jesús simultáneamente condenaría a las autoridades religiosas al mismo tiempo que confirmaba su deidad.


Se trató de forzar a Jesús para que dijera que tenía poder divino de Dios.

 Entonces podría ser acusado de blasfemia, hasta arrestarlo.

Conociendo sus motivos, Jesús accedió a contestar sus preguntas si ellos respondian primero si el bautismo de Juan el Bautista era humano o divino.

Si era divino, las enseñanzas de Juan confirmaban a Jesús como divino. 
Si era humano, aquellos que seguian a  Juan crearían disturbios.

Era responsabilidad del Sanedrín conocer la diferencia entre los verdaderos profetas y los falsos, más ellos admitieron vergonzosamente que no lo sabían.

 Por esto, Jesús no contestó su pregunta (Mateo 21:23–27; Marcos 11:27–33).

2. Jesús anticipa a sus discípulos la traición de Judas y las negaciones de  Pedro.

En aquel tiempo, Jesús, profundamente conmovido, dijo: -«Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar». Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía.

Uno de ellos, el que Jesús tanto amaba, estaba reclinado a la mesa junto a su pecho. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía.

Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: -«Señor, ¿quién es?». Le contestó Jesús: -«Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado». Y untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: -«Lo que tienes que hacer hazlo en seguida».

3. Al ver el templo, profetiza que será destruido.

Miercoles; Cristo anuncia que será entregado.  

1. Jesús no acudió al Templo. Permaneció en Betania en una vigilia de oración.

Todo lo que había de decir, lo ha dicho. La revelación de su identidad es clara. La denuncia del pecado también. Las posiciones de los judios están definidas.

Simón, el leproso que había sido curado por Jesús, lo invita  a comer en su casa, 

Mientras están comiendo, entra en la casa una mujer del pueblo, rompe un frasco de perfume caro, conocido como alabastro y lo echa a los pies del Señor. Los besa y los seca con sus cabellos.

A Jesús le agradó ese detalle de cariño. Los discípulos criticaron a la mujer diciendo que ese perfume se pudo haber vendido para ayudar a los pobres. Jesús les reprocha y les dice que esa mujer había hecho bien, que a los pobres siempre los tendrían, pero no a él todo el tiempo.

2. El Maestro habla con sus discípulos. les dice: "Sabéis que de aquí a dos días será la Pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado".

Hay presciencia en Jesús. Sabe lo que va suceder, sabe el día y la hora. No le será ahorrado el desconocimiento previo, o la esperanza de que el dolor va ser menor. Lo sabe todo.

Es consciente de que los clavos van a atravesar su carne, sabe que su cuerpo va ser flagelado, escupido, deshonrado y, por fin, llegará una muerte cruel.

Lo sabe, y no huye, porque esa afrenta va a ser convertida en un sacrificio en el que Él va a ser sacerdote y víctima. Va a pedir al Padre el perdón para todos, pero lo va a pedir pagando el precio de justicia de todos los pecados.

Va ser un verdadero sacrificio expiatorio, como lo simbolizaba el animal que soltaban los sacerdotes que llevaba sobre sí los pecados del pueblo. Pero ahora no va ser un símbolo, sino una realidad. El peso de todos nuestros pecados va a caer sobre Él.

Jesús va a ser el inocente que paga por los pecados de aquellos a quienes ama. De esta manera se manifiesta una misericordia que tiene en cuenta la justicia.

3. Aquel día se reunieron las tres clases del sanedrín: los príncipes de los sacerdotes, los escribas, y los ancianos notables.

Preside el Sumo sacerdote Caifás. No es una reunión oficial, pero están casi todos.

Los acontecimientos del día anterior hacen que lo ya decidido se ponga por obra. Ya habían decidido matarle antes; pero nada han conseguido.

Ahora les mueve la furia de hacerlo cuanto antes, pero con astucia, con una frialdad y un odio que encuentran su motor en el mismo Satanás.

Acordaron apoderarse con engaño de Jesús y hacerle morir. Pero decían: No sea en la fiesta, para que no se produzca alboroto entre el pueblo"(Mt).

Las deliberaciones fueron duras. Hablan más los que más le odian, es decir, los que tienen un mayor pecado según las denuncias públicas y privadas de Jesús.

No pueden esperar, pero no quieren alboroto. Saben que los partidarios de Jesús son muchos.

Saben que en una situación de guerra civil, los romanos intervendrían y liberarían a Jesús, pues su conducta es intachable y nada enemigo de ellos.

Por otra parte quieren comprometer a los romanos para que ellos sean responsables de la muerte de Cristo ante el pueblo. Deben calcular las cosas hasta el mínimo detalle.

4. La traición de Judas

"Se acercaba la fiesta de los Azimos, que se llama Pascua. Entró Satanás en Judas, llamado Iscariote, uno de los doce.

Fue y habló con los príncipes de los sacerdotes y los magistrados sobre el modo de entregárselo"(Lc).

Entonces Judas Iscariote "fue donde los príncipes de los sacerdotes, y dijo: ¿Qué me queréis dar a cambio de que os lo entregue? Ellos le ofrecieron treinta monedas de plata.

Desde entonces buscaba una oportunidad para entregarlo"(Mt)

El precio había sido profetizado. Es muy posible que ellos, o alguno de ellos, se acordase de la profecía con burla y cinismo. El hecho es que él era traidor de quien más le había querido, del Mesías, del Amigo, del Hijo de Dios Altísimo.

Estaba cometiendo el peor de los pecados con una lucidez que la compañía con Jesús agravaría por minutos. La cantidad de treinta siclos de plata era también el precio del daño por un esclavo que hubiese sido muerto por un animal.

Era el precio de un pequeño campo. Era el precio de un cordero pascual. Simbolizaba, sin quererlo, a Jesús que se entrega como un esclavo de amor, del cordero pascual que libera de la muerte a los primogénitos.

Jueves; Tres acontecimientos sumamente importantes son narrados de manera fluida en 3 de los 4 Evangelios:

a) Jesús lava los pies de sus discípulos. Juan 13:5-12

b) Jesús ora en el Getsemaní. Mateo 26:36-46

c) Se produce el arresto de Jesús. Juan 26 47-56

Por la mañana del jueves, Pedro y Juan se adelantan para preparar la cena en Jerusalén.
Se reunió Jesús con sus discípulos para celebrar la Pascua en una cena en la que lavó los pies de ellos,

Mientras estaban cenando, Jesús se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ciñó una toalla, Echó agua en una palangana y se puso a lavar los pies a sus discípulos. (Jn. 13, 2-5). Un gesto de servicio porque ésta era una actividad reservada exclusivamente a los esclavos.

Pedro se resiste a ser lavado por el Maestro, pero él le dice que si no lo acepta, no tiene parte con él. Cristo nos dio un gran ejemplo en la Última Cena, lavando los pies de sus apóstoles. Nos enseñó que la labor del cristiano es ayudar a los demás con una actitud de servicio, amor y humildad.

Con las palabras “Haced esto en memoria mía” al convertir el pan y el vino en su Cuerpo y en su Sangre, es el momento en que instituye este acto para demostrarles a sus discípulos cuánto les amaba, para dar ejemplo de humildad y amor.

Llegada la noche, Jesús se retiró junto con Pedro, Santiago y Juan a orar al Huerto de Getsemaní. Es ahí donde Jesús acepta cargar con los pecados de toda la humanidad antes de su pasión.

Fue inmensa su agonía, sufría a tal grado que sudó gotas de sangre. Aún así, acepta seguir adelante: “No se haga mi voluntad, sino la Tuya”. Sabía que pronto le iban a apresar.

Veamos la narración de Mateo, capitulo 26, a partir del versículo 41: Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.

Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad. Vino otra vez y los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño.

Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras. Entonces vino a sus discípulos y les dijo: Dormid ya, y descansad. He aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. Levantaos, vamos; ved, se acerca el que me entrega.

Mientras todavía hablaba, vino Judas, uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo.

Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle. Y en seguida se acercó a Jesús y dijo: ¡Salve, Maestro! Y le besó. Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes?

Entonces se acercaron y echaron mano a Jesús, y le prendieron. Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó la oreja.

Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga?

En aquella hora dijo Jesús a la gente:¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme? Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis. 

Más todo esto sucede, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron. 26:57

Los que prendieron a Jesús le llevaron al sumo sacerdote Caifás, adonde estaban reunidos los escribas y los ancianos.

Más Pedro le seguía de lejos hasta el patio del sumo sacerdote; y entrando, se sentó con los alguaciles, para ver el fin. 

Y los principales sacerdotes y los ancianos y todo el concilio, buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte, Y no lo hallaron, aunque muchos testigos falsos se presentaban.

Pero al fin vinieron dos testigos falsos, que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo. Y levantándose el sumo sacerdote, le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti? Más Jesús callaba.

Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios. 

Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.

Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora mismo habéis oído su blasfemia. ¿Qué os parece?

Y respondiendo ellos, dijeron: ¡Es reo de muerte!

Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos, y otros le abofeteaban, diciendo: Profetízanos, Cristo, quién es el que te golpeó.

Pedro estaba sentado fuera en el patio; y se le acercó una criada, diciendo: Tú también estabas con Jesús el galileo. Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices.

Saliendo él a la puerta, le vio otra, y dijo a los que estaban allí: También éste estaba con Jesús el nazareno. Pero él negó otra vez con juramento: No conozco al hombre.

Un poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre. Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre.

Y en seguida cantó el gallo. Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho :Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo, lloró amargamente.


Viernes; muerte en la cruz.

El Evangelio de Juan nos narra los momentos determinantes de Jesús el Viernes Santo. (Capítulos 18 y 19).

Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era de mañana, y ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse, y así poder comer la pascua. Entonces salió Pilato a ellos, y les dijo:

¿Qué acusación traéis contra este hombre? Respondieron y le dijeron: Si éste no fuera malhechor, no te lo habríamos entregado. Entonces les dijo Pilato: Tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley.

Y los judíos le dijeron: A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie; para que se cumpliese la palabra que Jesús había dicho, dando a entender de qué muerte iba a morir. Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos?

Jesús le respondió: ¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí? 

Pilato le respondió: ¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí.


¿Qué has hecho? Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mí reino no es de aquí.

Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.

Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad?

Y cuando hubo dicho esto, salió otra vez a los judíos, y les dijo: Yo no hallo en él ningún delito. Pero vosotros tenéis la costumbre de que os suelte uno en la pascua. ¿Queréis, pues, que os suelte al Rey de los judíos? Entonces todos dieron voces de nuevo, diciendo: No a éste, sino a Barrabás. Y Barrabás era ladrón.

Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le mando a  azotar. Y los soldados entretejieron una corona de espinas, y la pusieron sobre su cabeza, y le vistieron con un manto de púrpura; y le decían: ¡Salve, Rey de los judíos! y le daban de bofetadas.

Entonces Pilato salió otra vez, y les dijo: Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él. Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre!

Cuando le vieron los principales sacerdotes y los alguaciles, dieron voces, diciendo: ¡Crucifícale! ¡Crucifícale!

Pilato les dijo: Tomadle vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo delito en él. Los judíos le respondieron: Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios.

Cuando Pilato oyó decir esto, tuvo más miedo. Y entró otra vez en el pretorio, y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Más Jesús no le dio respuesta.

Entonces le dijo Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte?

Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene. Desde entonces procuraba Pilato soltarle; pero los judíos daban voces, diciendo: Si a éste sueltas, no eres amigo de César; todo el que se hace rey, a César se opone.

Entonces Pilato, oyendo esto, llevó fuera a Jesús, y se sentó en el tribunal en el lugar llamado el Enlosado, y en hebreo Gabata.

Era la preparación de la pascua, y como la hora sexta. Entonces dijo a los judíos: ¡He aquí vuestro Rey! Pero ellos gritaron: ¡Fuera, fuera, crucifícale!

Pilato les dijo: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los principales sacerdotes: No tenemos más rey que César. Así que entonces lo entregó a ellos para que fuese crucificado. Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron.

Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.

Escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS.

Y muchos de los judíos leyeron este título; porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad, y el título estaba escrito en hebreo, en griego y en latín.

Dijeron a Pilato los principales sacerdotes de los judíos: No escribas: Rey de los judíos; sino, que él dijo: Soy Rey de los judíos. Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito.

Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado.

Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo. Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice: Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes. Y así lo hicieron los soldados.

Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena.

Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.

Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca. Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.

Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de la pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo (pues aquel día de reposo era de gran solemnidad), rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados de allí. Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él. Más cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas.

Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis. Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo. Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.

Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente, por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió. Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús. También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras.

Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos. Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno.

Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de los judíos, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús.


Sábado; día en que Jesús permaneció en la tumba donde había sido enterrado después de Su crucifixión (Mateo 27,59-60Marcos 15:46Lucas 23:53-54Juan 19:39-42). 

La única referencia bíblica a lo que sucedió el sábado entre la muerte y resurrección de Jesús se encuentra en Mateo 27:62-66. 

Después de la puesta del sol del sábado, al final del día de reposo - los sumos sacerdotes y fariseos fueron a Poncio Pilato y le pidieron que un guardia se colocara en la tumba de Jesús para evitar que sus discípulos sacaran y llevaran el cuerpo. 

Se acordaban de que Jesús dijo que resucitaría en tres días (Juan 2:19-21) y querían hacer todo lo posible para evitarlo.


Domingo; ALELUYA, JESÚS RESUCITÓ

La Resurrección de Jesús; Primera y Principal verdad de la Fe Cristiana.

Todo el mensaje gira en torno de esta noticia; hoy la Iglesia también centra todo su trabajo apostólico en JESÚS RESUCITADO.

Los discípulos habían abandonado a su Maestro; más aún lo negaron, y se dispersaron volviéndose a sus casas. Antes del alba, María Magdalena encuentra el sepulcro abierto y anuncia que el cuerpo había desaparecido (Juan 20:1-2).

Llegan otras mujeres y los ángeles les dicen que vayan a avisarle a los discípulos (Mat. 28:5-7;

Lucas 24:1-9). Visitan el sepulcro y encuentran el sepulcro vacío (Juan 20:3-10).

Los apóstoles de Jesús comenzaron su predicación anunciando este hecho indiscutible: Jesús de Nazaret, quien fue clavado en una cruz y sepultado RESUCITÓ.


A partir de esta VERDAD, se realiza la evangelización, hace dos mil años y hasta nuestros días.

Si Cristo no hubiera resucitado, la Iglesia no podría anunciar ninguna Buena Noticia de salvación para nadie. Pablo lo afirma claramente: "Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. " (1Co. 15:14).

Pruebas de la Resurrección. 

La máxima obra de Dios, la Resurrección de su Hijo, no tuvo testigos. 
Sin embargo sí se puede comprobar; hay "evidencias":

A. El sepulcro vacío.- Los cuatro evangelistas lo mencionan. Lo reconocen incluso los soldados, los sacerdotes y las autoridades romanas.

B. Las apariciones del Resucitado. Se describen en los últimos capítulos de los evangelios.
Jesús tomo la iniciativa para vencer la duda de los discípulos, por lo tanto se mostró a sí mismo, Vivo, durante cuarenta días.

1. Jesús se le aparece a María Magdalena (Juan 20:11-18).

2. Jesús se le aparece a dos mujeres (Mat. 28:9-10).

3. Jesús se le aparece a dos varones camino a Emaús. (Luc. 24:13-33).

4.Se aparece a Pedro ( Lucas 24:34; 1 Corintios 15:5).

5. Jesús se le aparece a diez de los once discípulos ( Marcos 16:14 ; Lucas 24:36--43; Juan 20:19-25 ).

6. Una semana más tarde, Jesús se aparece cuando Tomás estaba presente (Juan 20:26-29).

7. Después siete discípulos ven a Jesús en el mar de Galilea (Jn. 21:1-22).

8. Los once se reúnen con Jesús en un monte de Galilea (Mat. 28:16-20).

9. En un tiempo no especificado, Jesús se le aparece a más de quinientas personas (1 Cor. 15:6).

10. Jesús se le aparece a Su hermano Santiago (1 Corintios 15:7),

11. Jesús se le aparece a los once poco antes de ascender al cielo ( Lucas 24:51).

¿A quienes no se apareció Jesús?

Cristo no apareció a todas las gentes, solo a Sus discípulos. Tampoco Cristo apareció a los judíos.

¿A quienes se aparecerá Jesús? A ti Que si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. (Romanos 10:9 )


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